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1:33 PM
Falleció Agustín de Rojas Anido, el más importante novelista cubano de ciencia ficción.
 

Temprano en la mañana recibí un mail del escritor Carlos Duarte con una noticia desconcertante: Agustín de Rojas ha muerto. Por segundos me quedé sin emociones, entumecida…Releí varias veces el texto para saber si había comprendido el mensaje. Saqué cuentas, Agustín tenía solo 62 años, cumplidos en junio de este año, y los que crecimos leyendo sus novelas esperábamos aún su retorno al género en algún momento.

 
Recuerdo haber experimentado sensaciones de pérdida frente a la noticia similares…cuando falleció Nicolás Guillén, Freddy Mercury o Issac Asimov. Había sido como si de repente una lámpara se apagara y al mundo se añadiera una sombra indeleble más, un silencio donde había existido un inigualable acorde, un cráter donde antes había un caudaloso río. Pero Agustín de Rojas no era de esos artistas que admiraba y seguía, a través de sus libros, de la prensa, o compartiendo algún espacio desde el público en un evento literario.
 
 
Agustín fue el primer escritor de ciencia ficción que leí en mi vida y quien me enamoró, a primera vista y definitivamente, del género. Agustín fue el primer escritor con quien conversé sobre mi interés por la literatura y quien tomo en serio mis palabras. Con quien debatía, en nuestra natal Santa Clara, en su refugio del un tercer piso en el Reparto Virginia, sobre los libros de autores anglosajones que me prestaba de su propia biblioteca, gracias a lo cual adquirí una cierta cultura de lo fantástico, y también mi vocación profesional por la psicología. No había sido mi vida como es sin su enorme generosidad, sus dotes de educador y su infinito humanismo. Su obra fue el tema del primer ensayo que escribí en mi vida y mi primera publicación. Porque para mí y para la parte de mi generación comprometida con la literatura fantástica cubana, Agustín era la inspiración, la escuela, la fe en el futuro.
 
La vida nos lleva por derroteros imprevisibles y al mudarme a la capital la comunicación entre Agustín y yo fue mucho más esporádica. Pero siempre prevaleció el afecto mutuo, los buenos y sabios consejos de su parte, y la infinita admiración que provocó en mí desde los once años. Tampoco los años extraviaron ese hábito de consultar Una leyenda del futuro como si fuera un oráculo, en un juego místico entre mis amigos que además de diversión siempre nos provocaba sorpresas.
 
Por eso, cuando leí el mail, no fue como si una lámpara se apagara, como un nuevo punto de silencio en el mundo, o como contemplar el lecho de un río seco. Fue como si Titán tapara en Sol en un inadmisible eclipse. "Siempre hay un viaje del que no se regresa”…Pero como para Isanusi, su historia no morirá con él, y seguirá formando, desde su obra inmensa propagada a través del Espacio y el Tiempo, a muchos, muchísimos grupos de escritores y lectores…Y nunca, aunque se convierta en Leyenda, perderá su significado para nosotros.
 
 
 

 

12 de septiembre de 2011.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Categoría: Brevarios | Vistas: 967 | Agregado por: Ann-Henry | Etiquetas: Agustín de Rojas, Ciencia Ficción, literatura | Valoración: 0.0/0
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