El pasado 11 de septiembre del 2011 ocurrió la súbita partida hacia ese viaje del que no regresamos, de una de las más importantes voces de la literatura fantástica nacional e hispanohablante: el novelista de ciencia ficción Agustín de Rojas Anido (Santa Clara, 1949).

A lo largo y ancho de la red, en blogs, revistas digitales, diarios online, muchos autores expresaron su sentir ante la repentina ausencia del quien fue un maestro para varios narradores del patio, hoy en cualquier sitio del planeta.

Este día, doy inicio esta sección de Holopresencia, con la figura de este autor. En esta oportunidad la sección incluye un texto propio, más desde el sentir que desde el análsis, y una recopilación de los enlaces que aquellos trabajos sobre Agustín de Rojas publicados en los dintintos rincones de la red que me parecieron más importantes.

Sirvan estos ecos para constatar , si es que todavía quedaran dudas, la huella que Agustín de Rojas ha dejado en muchos. 



 

Bibliografía de Agustín de Rojas

"Espiral" (1981) Ediciones Unión. Premio David de Ciencia Ficción de 1980

"Una leyenda del futuro" (1985) Coleccion Radar. Editorial Letras Cubanas.

"El año 200" (1990) Colección Radar. Editorial Letras Cubanas

"Catarsis y sociedad" (1992) Ediciones Capiro. Ensayo.

" El publicano" (1998) Ediciones Letras Cubanas. Premio Dulce María Loynaz de novela de 1997.

 

Con Agustín de Rojas, poeta del Homo Sapiens

Escribí sobre Agustín de Rojas (Santa Clara, 1949) y sobre su obra cuando tenía dieciséis años, primero fue una ponencia que se convirtió en artículo, y luego resultó un ensayo, Trilogía de anticipación, reflexiones y aflicciones,  publicado por la Editorial Capiro en 1994. Siempre me pareció necesario volver sobre el tema, mis herramientas para el análisis, mis vivencias de adolescente, habían aportado un acercamiento todavía muy elemental a la obra del más importante novelista cubano de ciencia ficción. Entonces este criterio era apenas una intuición, me faltaba tanto por leer todavía.  Veinte años después de escribir Trilogía … creí llegado el momento justo para revisitar su obra.  Y lo aplacé una y otra vez, para cuando el tiempo alcance, para cuando tenga más conocimiento, para cuando visite a Agustín y converse sobre algunos detalles, que en tantas conversaciones que tuvimos durante esos mismos años noventas, no me había preocupado en aclarar.

Ahora estoy escribiendo estas líneas sobre Agustín de Rojas, sin las herramientas de análisis literario que deseaba dominar, sin el conocimiento que exige el momento, sin aclarar los detalles que me debía… apresuradamente, porque se ha acabado el tiempo. Agustín de Rojas se ha ido a ese viaje del que no se regresa, a sus 62 años, cuando todavía los que crecimos leyendo sus novelas esperábamos con añoranza su retorno al género.
No creo que estas líneas puedan compensar mi deuda, no creo ser la pluma indicada para resumir en ellas lo que Agustín de Rojas Anido ha representado para la cultura cubana, para la carrera de escritores y artistas, para la vida de muchos.  Porque estimo que una sola persona no podría ser capaz de abarcar la inmensidad de su legado, ese legado desconocido por los grandes medios, por las altas instancias que dictan el canon de literatura nacional, para quienes  Agustín de Rojas ha sido, cuando mucho, un escritor local, un rara avis, un autor de literatura menor.

No creo que estas palabras puedan agradecer lo suficiente a quien labró en el camino de tantos, donde puso la confianza exacta, la crítica oportuna, el libro imprescindible.  Al colega honesto, que no aprovechó hombros ajenos, ni los puestos oficiales, ni el aval de los premios;  que nunca procuró discípulos que propiciaran lisonjas y falsos altares, no se apropió de espacios para ensalzar su gloria y jamás le preocupó el respaldo de los que dictan y deciden.

Y sin embargo, los que lo conocieron, saben que él es de los imprescindibles. Lo es para aquellos que admiran su persona, aunque lo vean como un personaje y un accidente exótico dentro de la literatura villaclareña; lo es para quienes reverencian las novelas aunque nunca tuvieron la oportunidad de conocer al hombre; lo es para los que tuvimos el gran privilegio de conocer y admirar ambas cosas, que son la misma…porque Agustín de Rojas fue como su obra: grandeza, racionalidad, sensibilidad y humanismo.  

Nunca quiso ser ídolo, pero lo que nunca pudo evitar fue ser maestro. El que enseñara por años a los alumnos de la Escuela de Instructores de Arte de Santa Clara, pero también a todo los que se acercaron, atraídos por su sombra protectora y sabia, esa sombra que iluminaba el pensamiento de los que aceptaban su diálogo, y más que nada su silencio atento y reflexivo, bendición de los que escuchan.

No es posible suponer que sería de la ciencia ficción cubana sin su herencia. No es posible suponer que será sin su presencia inspiradora, porque aún a kilómetros de distancia de la capital, en nuestra natal Santa Clara, Agustín de Rojas era un faro para toda la isla.  La persona que ilusionaba a los escritores noveles de fantasía y ciencia ficción con que un día pudieran estrechar su mano, la mano que escribió El año 200 (Letras Cubanas, 1990); o que motivó a un grupo de seis  jóvenes narradores en La Habana del 2002,  a tomar un tren y cargar con libros, películas, obras plásticas para montar un evento en el centro del país, con el propósito mayor de homenajear al autor de Una leyenda del futuro (Letras Cubanas 1985). O que ofrecía la confianza de un juicio justo y preclaro cuando actuaba de jurado en un concurso literario, donde el ganador del Premio David de 1980 con la novela Espiral (Unión 1981), el Premio Dulce María Loynaz con la novela El publicano (1997), arriesgaba su crédito, sin temor a la competencia, por las mejores voces nuevas.

Escritores y periodistas, coterráneos la mayoría, han escrito sentidos adioses al colega, amigo, y sagaz contrincante en el debate;  autores y lectores del género fantástico en Cuba, lamentan y apenas se reponen de su inesperada partida.

Yo, por sobre el dolor y esa inevitable sensación de culpa que el duelo nos despierta a todos, esa sensación de cuánto pude hacer y no hice que dejan los que amamos y se marchan, me quedo acariciando ese regalo inestimable, el haber compartido alguna vez  y para bien, en algún momento del viaje por esta vida con Agustín de Rojas, poeta del Homo Sapiens.

Anabel Enríquez Piñeiro
La Habana, 13 de septiembre de 2011

Enlaces a textos y artículos publicados tras el fallecimiento de Agustín de Rojas
 
Falleció Agustín de Rojas Anido. Por Anabel Enriquez
Dios lo acoja a su derecha. Por Arístides Vega Chapú.
En contra de Agustín de Rojas. Por Jorge Angel Hdez
Agustín, un "loco” despierto en la cultura cubana. Por Luis Machado Ordext
A la muerte de Agustín de Rojas. Por Gina Picart
A muerto el hijo del dragón. Por Victor Hugo Pérez Gallo
Y siento más tu muerte que mi vida... Por Ricardo Riveron
Agustín de Rojas ¿ha muerto o fue abducido? Por Jorge García Sosa
Adiós a Agustín de Rojas. Por Leo Galech
No se preocupen, Agustín era un diablillo. Por Mercedes Rodríguez García
En defensa del Maestro Agustín de Rojas y Anido. Por Gina Picart