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ENSAYO_Mujeres y Literatura Fantástica: los caminos de(l) género
 
Este artículo, más que una exposición de conocimientos es una exposición de interrogantes. Es un prólogo y no un texto concluyente. Surgió colateralmente a otra investigación y fue el eje temático del proyecto presentado a un concurso donde no tuvo feliz acogida. Sin embargo hoy continúo pensando que el tema de la mujer dentro y desde el fantástico ofrece una atractiva perspectiva de estudio del género (la ambigüedad es totalmente intencional), por las peculiaridades, a veces intuidas y a veces demostradas, con las que se nos revela este tipo de literatura. Es pues, ésta, una propuesta de investigación que pretende dejar sentado algunos antecedentes y reflexiones previas. Espero puedan disculparme por no trascender estas premisas. Todavía.
 
Comencemos destacando dos eventos distantes en el tiempo, pero vinculados por la temática que abordamos hoy. El año 1818, pudiera marcar el origen de un género que tardaría casi un siglo en despegar definitivamente y hacerse de un sitio en el "campo de Marte” de los géneros literarios: la ciencia ficción. El hito lo marca la publicación de la obra "Frankenstein o el nuevo Prometeo”, donde, por primera vez, los conocimientos científicos de una época sirven para hacer verosímil un tema en esencia fantástico: la creación de un hombre-monstruo por otro humano que emplea la ciencia para conseguirlo. Lo curioso de este fenómeno radica en que, este género de predominante presencia masculina, tuvo su despertar en una obra escrita por una mujer, Mary Godwin-Shelley. Y si bien Frankestein es reclamada como novela prima no solo por la ciencia ficción, si no también de la literatura gótica, el terror fantástico y la novela fantástica moderna, esto refuerza la singularidad de cualquiera de estas manifestaciones del fantástico, ya que ningún otro género literario ha tenido este acontecer.
 
Los finales del siglo XX literario fueron conmovidos por la explosión de una aceptación masiva de la literatura fantástica para niños a través de la saga de un joven mago que lucha junto a sus amigos (hechiceros y brujas), enfrentando aventuras maravillosas y excitantes en un universo fabular fresco y verosímil: Harry Potter, de la escritora escocesa Joanne Kathleen Rowling. En los inicios del presente año J.K Rowling alcanzó a la reina Isabel en riquezas y pasó a ser la mujer más acaudalada de todo el Reino Unido, gracias a las ventas de sus libros. Ninguna autora, ni ningún autor alcanzó antes por su obra tal éxito ni en ese país, ni en otros; ni en ese género, ni en otros. Y aunque la fortuna económica no es medida de calidad literaria, es imposible no considerar esta otra singularidad.
 
La mayoría de los estudiosos del género aceptan la importancia que en la década del setenta tuvo, para la consolidación, madurez y calidad literaria del género fantástico, la aparición de autoras como Ursula K. Le Guin, Anne McCaffrey, Joanne Russ, James Tiptree Jr., C.J Cherry, y Marion Zimmer Bradley. El movimiento New Wave, que elevo la ciencia ficción de una "literatura para adolescentes”, en los Estados Unidos, a la aceptación por el mundo académico, con un creciente éxito de todo tipo de público y con la consiguiente atención editorial (Barceló, M. 1990:1), se nutrió como nunca, hasta ese instante, de las creaciones femeninas.
 
La década del ochenta, más tarde marcaría también otro acontecimiento en la historia del género, en el cual nuevamente, la mano de la mujer resultó determinante: la distinción definitiva de la fantasía del tronco común de la ciencia ficción. "Las nieblas de Avalón”, de M.Z.Bradley, o "Vencer al dragón” de Barbara Hambly serían pilares para la consolidación de la fantasía,(que había sido llevada a su máximo lustre a mediados del siglo por la pluma de J.R.R. Tolkien) como una manifestación independiente del fantástico.
 
En el plano editorial, mujeres como Judy Lynn del Rey, Shawna McCarthy y Betsy Mitchell se convierten en personas poderosas como directoras de revistas y libros de ciencia-ficción. A pesar de estas razones, es aún frecuente encontrar entre escritores, críticos y académicos, la opinión de que la ciencia ficción y sus géneros hermanos (la fantasía, el horror fantástico, etc.) es un terreno creativo de exclusivo dominio masculino.
 
En Cuba, he escuchado más de una vez esta opinión en boca, incluso de escritores del género. Uno de estos escritores me comentó una vez que del 100% de las mujeres que pretendían escribir ciencia ficción apenas un 3% (que eran feas, desagradables y falta de otro tipo de atractivo que no fuera su habilidad literaria) eran buenas escritoras del género, y solo un 1%, que podría dedicarse a otra cosa (léase, eran atractivas, bonitas, inteligentes, agradables y socialmente exitosas), triunfaban en la ciencia ficción. El 96% restante, para él, carecía de oportunidades literarias. No tengo idea si sacó esta estadística de la Astounding, o de la Playboy, pero de cualquier forma, servía para ilustrar su posición exclusivista.
 
No es la intención de este artículo desarrollar un alegato feminista sobre la crucial participación de la mujer en el género fantástico, y concluir que "chicos, sin nosotras, no fuerais más que literatura pulp”. Lejos de ello, lo que pretendo es demostrar que si bien el tema de la mujer dentro de la literatura fantástica, tanto desde la posición de creadora, como desde la de personaje, resulta un camino de estudio atrayente es a un tiempo poco o mal transitado.
 
Los ensayos y artículos sobre el rol de la mujer creadora en la sociedad de la información, ocupan cada vez más cuartillas y colman foros de discusión. La mayoría, claro está, escritos por las propias mujeres, buscan mostrar los avances, criticar las barreras y ofrecer espacios de expresión para reflexiones sociales y filosóficas. La mayoría de las veces, también, desde enfoques feministas, más o menos radicales.
 
En la literatura, y en especial en la literatura fantástica (entiéndase por ello ciencia ficción, fantasía, lo maravilloso, el horror fantástico y el fantástico puro), las mujeres que escriben sobre las obras hechas por o sobre mujeres no han pasado muchas veces de dos tópicos recurrentes para el género en cuestión:
 
1) La poca atención que a las escritoras que apuestan por desarrollar sus obras dentro del fantástico se le presta por editoriales y crítica.
 
Situación architrillada por los escritores masculinos del mismo campo en todos los países, excepto Inglaterra. Sí, porque aunque nos parezca inaudito, hasta los norteamericanos se quejaron de falta de reconocimiento. En el artículo de Joanne Russ, de 1970 "The image of women on Science Fiction” señala que "(...)la ciencia ficción británica no está en general, mejor escrita que la norteamericana, pero continúa atrayendo a escritores de primera línea al género (Kipling, Shaw, C.S. Lewis, Orwell, Golding) y continúa recibiendo reseñas serias y sagaces (...) La ciencia ficción norteamericana, (...) todavía no es respetada de veras”.(Russ, J. 1970: 8).
 
Es cierto que, en esa misma época de derroche creativo, en forma y contenido, que fueron los años 60 para el fantástico, y en especial para la ciencia ficción, (al igual que en la novela policíaca o negra) las mujeres muchas veces recurrieron a seudónimos masculinos para escribir. El caso más llamativo es el de James Tiptree Jr, seudónimo de la norteamericana Alice Sheldon. De James Tiptree dijo el escritor y antologista Robert Silverberg que "se ha sugerido que es una mujer, teoría que encuentro absurda porque hay para mí algo ineluctablemente masculino en sus narraciones", refiriéndose a uno de los relatos de Sheldon, presentado precisamente por Silverberg en la antología, y que lleva el significativo título Las mujeres que los hombres no ven. La verdadera personalidad de Alice Sheldon se descubrió en 1978, diez años después de que empezara a publicar. Más recientemente, en el artículo "Autoras españolas de ciencia ficción”, Lola Robles refleja que a las dificultades editoriales impuestas para las escritoras por los prejuicios sexistas, se añade la preferencia de las grandes casas editoras por publicar obras anglosajonas reconocidas y seguramente exitosas, dejando para las creadoras hispanas una mínima puerta de salida en pequeñas editoriales y una brecha, bastante más oportuna, en el ciberespacio y la Internet.
 
Opino que estas limitaciones afectan casi por igual a los autores de ambos sexos que apuestan por el género, y que es en América Latina donde la marginación y el olvido tienen para el fantástico más espacio disponible. Salvo Angélica Gorodisher, en Argentina (a quien Ursula K. LeGuin tuvo a bien traducir e introducir en el mundo literario anglosajón) y Elia Barceló y Pilar Pedraza -con su literatura gótica inusual- en España, los otros nombres femeninos del fantástico, la fantasía y la ciencia ficción hispanoamericanas son intermitentes y poco referidos. Las catalanas Montserrat Galicia, ejemplo de escritora de ciencia ficción juvenil; Montserrat Julió, que publica una novela de anticipación, Memorias de un futuro bárbaro (1976); Rosa Fabregat, con Embrión humano ultracongelado núm. F-77 (1975); y Teresa Inglés, son referidas por una o dos obras, muchas veces relatos dentro de antologías. (Roble, L. 2000:7) Cuba, como país del Tercer Mundo, está sujeto a otras condiciones que nos acercan mucho más al dilema del reconocimiento de la ciencia ficción argentina, mexicana o chilena, incluso española, que a la evolución del género en la cultura anglosajona, donde, desde hace varios años, la literatura fantástica se imparte como tema del programa de estudio de las carreras de lengua y literatura inglesa, en sus universidades. Sin embargo, y aunque el nivel de integración social de la mujer a la sociedad y su valorización es muy superior al resto de los países subdesarrollados, la presencia de la mujer en nuestro país, en la literatura fantástica en general y en la ciencia ficción en particular, es aún más escasa que en los principales países del continente latinoamericano.
 
2) El tratamiento de la imagen de la mujer a través del estereotipo cultural de debilidad, insustancialidad y función sexual- procreadora.
 
Mucho se ha reprochado a los escritores hombres de Cf y fantasía la falta de profundidad en la caracterización de los personajes femeninos. Lola Robles, en Mujeres y ciencia ficción apunta que en la literatura de ciencia ficción más clásica: "lo más normal es que las mujeres sí aparezcan, pero con los estereotipos más consabidos. Esposas, madres e hijas; compañeras decorativas -y por supuesto bellas- cuya pasividad y fragilidad las convierte en víctimas perfectas que deben ser defendidas y salvadas por el héroe de sus enemigos, y de toda clase de libidinosos monstruos: éstas son las buenas, que asumen su papel de meras comparsas con complacencia total. Claro que también encontramos a las malas, las eróticamente perversas o taimadas reinas de un matriarcado feroz.” (Robles,L. 2000: 6) Todo esto puede ser cierto pero ¿acaso esas obras no están repletas de consabidos estereotipos masculinos?. No se puede esperar que sean profundas en la construcción de un personaje femenino cuando tampoco lo son en el masculino, otro cliché de hombre wasp: (white Anglo-Saxon Protestan), fuerte, inconmovible, etc, etc, etc. Y es que el estereotipo tampoco lo inventó el fantástico, pues la novela de aventura, de caballería, la novela romántica, en fin aquellas muchas obras de cualquier tema y que engrosan la amplísima enciclopedia de la mala literatura, han padecido de este defecto.
 
Nuestro país, lamentablemente, tiene muchos ejemplos que mostrar para apoyar este segundo tópico, y aunque prefiero no citar autores: la astronauta-cocinera, la ciberprostituta, y la sexy alienígena calva han aportado contundentes argumentos. Ahora bien, sin que estos dos aspectos dejen de ser puntos álgidos reales, parecieran que eclipsan otro tipo de enfoque más profundo, histórico y sistémico del tema de la mujer escritora dentro de la literatura fantástica. Los principales elementos, en mi opinión, que fallan en los estudios investigados (que consten que no son muchos los resultados de varias semanas de búsquedas en Internet, como evidencia la bibliografía) están relacionados con:
 
A) No hacer distinciones entre las diferentes dimensiones del fantástico.
 
En La Ciencia Ficción según Asimov, Luciano de la Rosa analiza que el porcentaje de mujeres entre los lectores de revistas y novelas de ciencia-ficción debe estar cercano al 40%, lo que ha dado una mayor amplitud a lo que se escribe. (de la Rosa, L. 2001:3) Suponemos que este porciento aumenta para la fantasía y la literatura gótica, pero no existen estudios comparativos al respecto. Tampoco encontramos un trabajo que pruebe el criterio extendido de la mujer se inclina más por el enfoque de la fantasía que de la ciencia ficción o el terror fantástico. Aunque algunos autores refieren que en la novela gótica, hay algo sociológicamente interesante, porque no sólo tuvo una proporción respetable de autoras en sus orígenes, sobre todo en lengua inglesa, como Clara Reeve o Ann Radcliffe, sino que (según los historiadores de la literatura) también fue leída en gran parte por mujeres que, cansadas por lo visto de tanta novela educativa, querían algo más sensacional. (Rico, J. 2000:6)
 
Por otra parte, el fantástico puro, mucho menos referido en estos estudios sobre la mujer, parece apuntar hacia argumentos prácticamente idénticos a los abordados por autores masculinos. Abundan en los textos de las argentinas Silvina Ocampo, de María de Vilariño, de la mexicana Amparo Dávila, de las cubanas María Elena Llana y Esther Díaz Llanillo, las historias de las casas, con influjos y poderes sobre los sucesos y personajes, lo que ha decir del propio Cortázar, parece ser una constante universal en el cuento fantástico: "muchos de los cuentos fantásticos que pueblan para siempre la memoria medrosa de la especie se cumplen entorno a una casa”(Sardiñas, JM –Morales, AM 2003:9) Vale igual preguntarse si hay algo diferente en este tratamiento femenino del tema.
 
B) No hacer un análisis histórico-temático, más allá de una cadena cronológica de títulos, de la participación de la mujer en el género.
 
En su artículo de Mujer y Ciencia ficción, Robles considera que "la CF en un espacio ideal para especular sobre un futuro distinto, para presentar alternativas al mundo patriarcal, a los valores culturales y morales y la sexualidad institucionalizados”. Y considera como los dos grandes tópicos femeninos preferidos la utopía y distopía. Esta última describe un futuro en el que se han radicalizado los males de nuestro presente en lo social, político o tecnológico. "Obras como El cuento de la criada, de Margaret Atwood, o Lengua materna, de Suzette Haden Elgin, nos sitúan en futuros donde las mujeres han sido reducidas, de nuevo, a una situación de práctica esclavitud.” Mientras "las utopías feministas consisten en la construcción imaginaria de una sociedad, si no perfecta, si al menos mejor, para la autora, que la realidad presente.” Desde sociedades donde gobiernan las mujeres (El país de ellas, de Charlotte Perkins Gilman o Las hijas de Egalia, de Gerd Brantenberg, y sobre todo El hombre hembra, de Joanna Russ, el mejor compendio -y la reflexión más radical desde el feminismo-); o mundos andróginos (Woman on the Edge of Time, de Marge Piercy, La mano izquierda de la oscuridad, de Le Guin), hasta sociedades que se muestran como igualitarias: Los desposeídos, de Le Guin, que plantea como sistema político utópico el anarquismo, incluyendo, además de los cambios sociales y políticos, los sexuales.
 
Sin embargo, no encontramos ningún estudio sobre los tópicos de otras manifestaciones del fantástico.
 
C) No llevar el estudio a las dimensiones regionales y socioculturales que condicionan todo tipo de obra artística. Por ello, muchas veces las latinoamericanas ni siquiera son mencionadas.
 
¿Y los tópicos de la ciencia ficción y la fantasía en Hispanoamérica? ¿Son los mismos que los anglosajones? Robles considera en su artículo sobre las autoras españolas que "en la ciencia ficción española actual he encontrado dos novelas cuyo tema central es el género: Consecuencias naturales, de la alicantina Elia Barceló, y Planeta hembra, de la madrileña Gabriela Bustelo”. Esta última la describe como una novela ligera de escaso valor literario que por demás trastoca los términos de feminismo y machismo, igualmente estereotipado. Por lo cual no parece haber diferencias con respecto a las líneas temáticas de las escritoras anglosajonas.
 
En Cuba fuera del fantástico puro, del que hemos citado dos autoras, el panorama es bastante más constreñido. Tanto María Elena Llana como Esther Díaz han tratado el fantástico dentro de sus límites de lo que podríamos considerar latinoamericanos. Si bien la calidad literaria de sus obras es muy superior a cualquier otro intento que desde las manifestaciones del fantástico ha hecho la mujer en Cuba, han sido poco difundidas, y lo peor, mucho menos tomadas de referencia, por lo que pareciera que la tendencia literaria que han abordado terminará cuando dejen de escribir.
 
La ciencia ficción continúa como terreno ajeno, al que se han acercado a través de la fusión con la fantasía heroica, la novela gótica y el fantástico, muy pocas autoras: Daína Chaviano, prolífica en la década de los 80, con una obra caracterizada por la recontextualización de mitos, al estilo de Zimmer Bradley, (The Mists of Avalon, 1982) o de la española Soledad Puértolas (La rosa de plata, 1999). Según Molina Gavilán, la tesis de estos relatos de Daína se basa en que "los mitos modernos se alimentan de los antiguos, así como los antiguos se revitalizan gracias a las nuevas versiones que la fantasía literaria produce” (Molina, Y.2000: 4). Algunos textos de Chely Lima, autora que escribió, junto a Alberto Serret, textos aún más cercanos al fantástico; esporádicas apariciones dentro de antologías de ciencia ficción de Ileana Vicente Armenteros, María Felicia Vera (Premio David de Ciencia ficción en 1988, por un libro, realmente inclasificable)y los relatos de Gina Picart, cuya ambigüedad de enfoque deja al texto en una frontera de difícil clasificación entre lo fantástico, la ficción histórica y el realismo abordado desde la subjetividad, parecen ser lo más destacable dentro del género en Cuba.
La escasa presencia de la mujer dentro del género en nuestro continente, y en especial en nuestro país, es asunto que no solo se puede explicar desde la cómoda etiqueta del atraso tercermundista y el machismo latinoamericano, al menos sería importante demostrar cómo y por qué funciona así.
 
La mayoría de los escritores o aficionados al fantástico conocemos la ley de Sturgeon. La que enunciara el escritor norteamericano Theodore Sturgeon (seudónimo del Edward Hamilton Waldo) en una ocasión cuando le expresaron que la mayor parte de lo que se escribía dentro de la ciencia ficción era de baja calidad literaria. "Es cierto, el 90% de lo que se escribe dentro de la ciencia ficción es basura. Pero el 90% de TODO lo que se escribe es basura.”
 
Aplicando esta ley a la literatura fantástica escrita por mujeres, Robles considera que "Para que exista ese diez por ciento de obras de CF con la suficiente calidad literaria sería necesario, entonces, que hubiera un número mucho mayor de narradoras jóvenes dedicadas al género. Para que se diera ese aumento de escritoras, la ciencia ficción debería ser más conocida por las lectoras, y más importante aún, que encontrasen en ella elementos y temas que interesaran a su imaginación especulativa. Pero lo que sucede hoy es que casi todas estas autoras son noveles, y es muy posible que no logren publicar de nuevo más allá de esa novela corta o esos pocos relatos. Ni siquiera es fácil localizar sus datos biográficos, su fecha de nacimiento o su nombre auténtico, si escriben con seudónimo. ¿Descuido de los editores, o desinterés de las propias creadoras, mucho menos frecuente, por cierto, entre los escritores varones?” Harlan Ellison dijo una vez que el día que las mujeres leyeran tanta ciencia ficción como los hombres el género por fin tendría el lugar que se merecía. Creo que, más allá del coqueteo al que Ellison era propenso, su intención apuntaba a que un género literario no puede considerarse maduro si no alcanza la condición de verdadera obra artística. Las mujeres como escritoras han contribuido a esta consolidación del género como ya hemos visto, pero su influencia biunívoca, todavía da tela para hacer vestidos.
 
Es por ello que resulta de especial interés la posibilidad de realizar un estudio más profundo que considere algunas líneas de investigación al abordar el papel de la mujer dentro de la literatura fantástica moderna desde el punto de vista temático, estilístico e histórico:
 
- La primera, establecer si existen diferencias temáticas, estilísticas e intergeneracionales en las obras de género fantástico escritas por mujeres y hombres.
 
- La segunda, si existen diferencias de este tipo entre las obras de la literatura de género fantástico escritas por mujeres de países desarrollados y subdesarrollados?( Establecer proporciones de escritores/escritoras de fantástico en Norte-Sur, por ejemplo)
 
- La tercera, si existen patrones profesionales, raciales y lugar de residencia que coinciden entre las escritoras del fantástico en los países del Tercer Mundo.
 
- Y por último, cómo se comportan las características en la historia de la literatura cubana fantástica. Hasta aquí, la primera aproximación.
 
Bibliografía :
 
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Escritoras de Ciencia Ficción y Fantasía. Biblioteca de Mujeres, Madrid, España, julio 2001, pg. 62-63, 80-81.
Categoría: Ensayos | Agregado por: Ann-Henry (2010-07-15)
Vistas: 691 | Etiquetas: literatura, Ciencia Ficción, ensayo, género, literatura femenina, fantástico | Valoración: 0.0/0
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