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RESEÑA_"Entre Latidos" y el pulso del fantástico cubano
 
No es la primera vez que reivindico (y tampoco soy la única) que el cuento fantástico, en sus axiomas más o menos estrictos, se ha sostenido en Cuba sobre los hombros de indómitas plumas femeninas. Ajenas al propósito de componer una literatura feminista, un discurso de género o una parcela exclusiva para catarsis extraliterarias, las autoras que lo cultivan, y hacen citable a Cuba dentro de la literatura hispanoamericana actual, lo han abordado con frescura; repasando los temas frecuentes con visiones criollas e irónicas que lo revitalizan; y manteniendo un discurso directo, pero preciso y eficaz, necesario para el cuento mismo.
 
Desde Gertrudis Gómez de Avellaneda, y su rescate de narraciones marcadas por la leyenda, lo féerico, lo mágico y lo insólito; pasando por Dora Alonso y Évora Tamayo; y llegando a las voces sólidas, aunque intermitentes dentro del género, de Mirtha Yañez, María Elena Llanas y Gina Picart, lo fantástico ha gozado de una calidad literaria que no ha podido sostenerse en otras formas que se incluyen dentro de la narrativa fantástica (ciencia ficción, fantasía heroica, gótica, entre otras) escritas por mujeres en el país. Esther Díaz Llanillo vendría a sumarse a este grupo por derecho incuestionable, porque pocos autores han mantenido, durante los decenios más o menos sombríos para la literatura de géneros en la segunda mitad del siglo XX cubano, una filiación al fantástico tan constante e irreverente como ella. Desde su primer libro "El Castigo” (Ediciones R, 1966), hasta el último, "Entre Latidos” (Ediciones Unión, 2005), su obra no ha escapado de la casa del cuento, que es la casa por antonomasia del fantástico. Pero más allá de lo formal, los libros de Esther siempre han podido ser considerados, aún para los más acérrimos defensores de la abolición de los géneros editoriales, como expresiones de aquello que marcó la mayoría de edad del cuento moderno y de la literatura latinoamericana de los finales de la primera década del siglo pasado: el sentimiento de lo fantástico. Esther juega con las definiciones más allá de prescribirse a conceptos, aún evanescentes y por definir de lo que es el fantástico, suerte de frontera transgredida en cualquier disquisición teórica. Y hace suyo el vasto continente de los más arquetípicos miedos humanos, donde parece estar la fuente inagotable de este tipo de cuentos, y tal vez de toda buena literatura.
 
"Habito una casa vetusta con inalcanzables techos…”, son las palabras que inician el viaje de "Entre latidos”. Pareciera que va a ceñirse a aquella caracterización del cuento fantástico donde Cortázar acentúa que la mayoría de las historias se insertan o construyen en torno a una casa, espacio reducido, aparentemente íntimo e intensamente desconocido. Pero no estamos en presencia de una estricta colección de cuentos fantásticos, y aunque las casas siempre están y estarán presentes, Esther se aventura fuera de ellas como también fuera de los supuestos límites del género. Cuentos de alto contenido onírico, que pueden considerarse anclados en un nivel de realidad real-subjetiva, como "La pista”, "Las voces encadenadas” o el propio cuento que titula el libro "Entre Latidos”, muestran protagonistas que transitan aparentes estados de amnesia demencial, delirium tremens, esquizofrenia, o tal vez, simplemente, yacen atrapados en esa grieta entre lo real y lo irreal, en ese otro lado dentro de uno mismo. ¿Cómo saberlo? Tal vez puestos junto a cuentos de mayor filiación al orden cotidiano de las cosas, estos relatos, como también "Al final” o "Por curiosidad”, podrían ser tratados como cuentos que abordan la realidad desde la perspectiva de la subjetividad rota y patológica. Al recibirlos dentro de esta colección, entonces, su ambigüedad se engrandece y es difícil no asumirlos como parte del universo ficcional que Esther construye en la brecha imaginativa donde habita el fantástico.
 
Si nos apegamos a las definiciones más estrictas de críticos autorizados contemporáneos, como la mexicana Ana María Morales o el cubano José Miguel Sardiñas, otros títulos de "Entre Latidos”, como "El Lanzamiento”, "Cabeza abajo” y "Confusión”, responden más a los principios del absurdo. "Espíritus”, por otra parte, uno de los más logrados del libro, aderezado por el sincretismo afro-judeo-kardeciano de nuestra mixtura religiosa, y que ya había explotado en varios relatos de su libro anterior "Cambio de Vida” (Letras Cubanas, 2002)) es desde el título hasta el punto final un cuento de fantasmas; lo cual lo deja también fuera de la más purista definición. Los narradores, por suerte, escriben al margen de las teorías. ¿Es que no hay cuentos realmente fantásticos en "Entre Latidos”, cuentos que se ciñan a esa delgada línea dual donde convergen, entrecruzan y suspenden la realidad y la irrealidad, lo imposible y lo posible, lo natural y sobrenatural, dejando como resultado una vibración de ruptura, de transmutación sutil y perceptible del orden de las cosas, en tono de fatalidad suspendida e inevitable? También, por supuesto: "En el tren”, un cuento que inquieta y sobresalta, con una ambigüedad perfectamente lograda entre lo paranormal, lo fantástico y lo subjetivo, y que nos remite a las mismas paradojas de "La isla a mediodía” de Cortázar.
 
Discuten su derecho a insertarse dentro del más estricto concepto del género otros relatos del libro: "Cleptomanía”, gracias a su bien resuelto giro final, muda grácil del nivel de realidad que traslada al cuento del terreno de lo onírico/subjetivo al fantástico; "Cantando”, sostenido sobre una transición más etérea, y sin embargo, categórica y clara, donde la existencia del hado ineludible de la otra realidad lo torna tan fantástico como hábilmente resuelto. Con este mismo ¿estilo?, ¿recurso? construye "Mariposas”, un cuento sobre transmutaciones. Mientras, "Del otro lado” y "Los visitantes” redundan sobre el architema de las casas, los objetos transitivos (un sillón, la casa misma) y la relación intemporal de la familia. Hay, no obstante, dos cuentos que resultan para mí difíciles de congregar: "Las hormigas”, cuento con un narrador insecto donde, a pesar del giro "revelador” en la última línea, es el tipo de relatos que ubicaría en el campo de lo maravilloso o la fábula, pero definitivamente no dentro lo fantástico. Y un cuento que se contonea coquetamente entre la ciencia ficción, el absurdo y lo onírico, y que va más allá, como una metáfora de la esperanza humana: "Todo es según el color del cristal…”
 
El balance temático es realmente variado y aunque Esther, para afrontar el Otro desde el interior humano, traspasa y bordea las innúmeras fronteras de esta forma de literatura, estamos ante una colección de cuentos que al coincidir en un mismo cuaderno conforman y estimulan la certeza "un tanto visceral”, de la existencia de lo fantástico, con sus múltiples caras y sus misterios no descifrados, inquietantes ambigüedades y estremecimientos sutiles pero continuos.
 
Ciudad de La Habana, Octubre 2006.
 
Publicado en: El Cuentero. Revista trimestral de narrativa. "El Cuentero volante". Año 1 Nº 3 Dic. 2006
Categoría: Reseñas y opiniones | Agregado por: Ann-Henry (2010-07-16)
Vistas: 541 | Etiquetas: Reseña, fantástico cubano, literatura femenina, género, literatura | Valoración: 0.0/0
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